Costa Brava en coche: nuestra ruta por Girona, pueblos con encanto y mucho Mediterráneo

Hay viajes que se disfrutan incluso antes de llegar al destino. Este fue uno de ellos.

Para nuestra escapada a la Costa Brava decidimos hacerlo en coche que alquilamos en Girona... Para llegar allá tomamos tren haciendo la ruta Madrid → Barcelona → Girona → Costa Brava.

Y lo mejor, viajábamos con perro, así que buscábamos un destino bonito, cómodo y, sobre todo, dog friendly. Spoiler: la Costa Brava fue una elección perfecta.

Nuestra base: Empuriabrava

Elegimos Empuriabrava como base para alojarnos porque nos pareció especialmente cómoda viajando con perro. Es una zona muy diferente a los pueblos de la Costa Brava más tradicionales, con sus canales, casas junto al agua y un ambiente bastante relajado.

Desde aquí podíamos movernos fácilmente en coche y hacer excursiones de un día a prácticamente todos los lugares que queríamos conocer.

Y eso fue precisamente lo que hicimos: utilizar Empuriabrava como punto de partida y dedicar cada día a descubrir un rincón diferente.

Nos quedamos en un Airbnb y resultó todo genial.

Cadaqués

Si hay un lugar que tenía muchas ganas de conocer era Cadaqués.

Y sí, en persona es incluso más bonito.

Sus casas blancas, las calles estrechas, el mar entrando entre las pequeñas construcciones y ese aire mediterráneo hacen que sea uno de esos pueblos en los que simplemente apetece caminar sin rumbo.

Eso sí: hay que ir mentalizado para las curvas de la carretera. El camino merece la pena, pero no es precisamente un trayecto exprés.

Una vez allí, lo mejor es perderse por sus calles (caminando), pasear junto al mar y disfrutar del ambiente

Peratallada y los famosos muffins virales (mi FAVORITO)

Otro de los grandes descubrimientos del viaje fue Peratallada.

Es exactamente el tipo de pueblo que uno imagina cuando piensa en la Costa Brava interior: calles de piedra, fachadas antiguas, pequeñas plazas y muchísimo encanto.

Es pequeñito, así que se puede recorrer tranquilamente en unas horas (incluso minuos), pero tiene ese efecto de querer sacar una foto de absolutamente todo.

Y aquí tuvimos nuestro momento gastronómico más Instagram de la ruta: los famosos magdalenas (muffins) virales. La de chocolate blanco fue lejos mi favorita.

Begur, Pals y Platja d’Aro

La Costa Brava tiene una ventaja enorme: puedes pasar de un pueblo medieval a una playa, y de ahí a otro pueblo con vistas al Mediterráneo, prácticamente sin darte cuenta.

Begur fue otra de nuestras paradas. Es de esos lugares que combinan perfectamente pueblo y costa, con calles bonitas, restaurantes, pequeñas tiendas y unas vistas increíbles.

Después visitamos Pals, otro imprescindible si os gustan los pueblos medievales. Su casco antiguo es precioso y tiene ese encanto de piedra y calles empedradas que hace que parezca que has viajado varios siglos atrás.

Y también pasamos por Platja d’Aro, que tiene un ambiente completamente diferente: más movimiento, tiendas, restaurantes y una sensación mucho más de destino de playa. Ideal si quieres hacer un shopping más "comercial".

Tossa de Mar

Otra de las paradas que no podía faltar era Tossa de Mar.

Aquí el protagonista es, sin duda, el casco antiguo amurallado junto al mar.

La imagen de las murallas, las casas de piedra y el Mediterráneo detrás es probablemente una de las estampas más reconocibles de la Costa Brava.

Es un lugar para caminar, subir, bajar y volver a bajar, pero las vistas compensan completamente.

Roses y Figueres

También aprovechamos para conocer Roses, que nos quedaba muy cerca de nuestra base en Empuriabrava.

Es una zona más abierta y marítima, perfecta para combinar con un día tranquilo de paseo y playa.

Y, por supuesto, hicimos una parada en Figueres, especialmente interesante por su vínculo con Salvador Dalí.

Es una visita completamente diferente al resto de la ruta y sirve precisamente para romper un poco con el plan de pueblos y costa.

Girona

Antes de terminar nuestra ruta, también dedicamos tiempo a Girona.

Y creo que fue uno de esos lugares que me sorprendieron más de lo que esperaba.

El casco antiguo, las calles de piedra, las fachadas de colores junto al río y los pequeños rincones hacen que sea una ciudad perfecta para recorrer caminando.

Además, después de varios días visitando pueblos pequeños, Girona aporta un poco más de ambiente y vida sin perder ese encanto histórico.

Palafrugell y la Costa Brava más mediterránea

También pasamos por Palafrugell, otra de las zonas que queríamos conocer durante el viaje.

Y es que precisamente eso fue lo que más nos gustó de hacer la Costa Brava en coche: no tener que elegir un único destino.

Cada lugar tiene una personalidad diferente.

Hay pueblos medievales, ciudades, playas, calas, pequeños puertos, zonas más turísticas y rincones mucho más tranquilos.

Añadir comentario

Comentarios

Javiera Fernandez
hace una hora

Fue un paseo increible!! Mejores vacaciones!!